

Un año más he tenido el placer de asistir a la fiesta anual de Grupo de Campo. Fiel a su cita cada segundo domingo de diciembre, esta empresa celebra su fiesta alrededor de un fraternal almuerzo, en el que el factor humano adquiere su principal valor.
Es un momento de rencuentro en el que nos damos cita una amalgama de profesionales vinculados, en mayor o menor grado con el agro español, en las diversas áreas de trabajo de esta singular entidad. Rectores, catedráticos, profesores universitarios, agricultores de cultivo intensivo y extensivo, empresarios agrarios, responsables de agroindustrias familiares y multinacionales, maquinistas, banqueros… en definitiva, amigos vinculados por la profesión.
Cada año, en un momento durante la celebración, Florencio Villarroya, responsable de Grupo de Campo, nos hace un balance de ejercicio anual y nos da su inestimable punto de vista de una realidad que nos afecta a todos. Pero este año ha tenido un punto muy destacable: se ha podido ver con fuerza a la nueva generación de Grupo de Campo.

Se trata de nuevos profesionales con un objetivo ambicioso, el de asegurar el relevo generacional de una empresa, totalmente vegetalista y especializada en el suministro de hortalizas (espinaca, maíz dulce, guisantes…) a grandes firmas de transformación y en la que en sus 45 años de historia, jamás ha fallado en el suministro.

Quienes hemos vivido la producción agrícola, sabemos que más que una profesión es un modelo de vida. De todos es sabido que estos cultivos, en su inmensa mayoría cultivos al aire libre, están sometidos a los caprichos de la naturaleza. Vientos, lluvias, condiciones del terreno, temperaturas… son factores que no se pactan y se establecen con el capricho que la naturaleza siempre impone. Estos factores no entienden de compromisos con la industria, donde todo se programa hasta el más mínimo detalle.
Por eso, el reto tan especial de esta nueva generación de Grupo de Campo. Se trata de un grupo de nuevos profesionales con valores difíciles de encontrar, en los que sus compromisos con la empresa van más allá, en los que su profesionalidad no se les valora… simplemente porque es incuestionable, en los que con su actitud en cada momento, compensan los desequilibrios constantes que la naturaleza se empeña en establecer. Como define su líder Florencio Villarroya a Grupo de Campo: un equipo agrícola humano, muy calificado y de un singular estilo.

Hace años que mi vida profesional no está asentada en la producción (concretamente producción ornamental), pero sí fue mi punto de partida y donde comencé mis estudios profesionales. ¿Qué tiene que ver esto con la nueva generación de Grupo de Campo? Muy sencillo. Una de las personas encargadas en la selección de esta nueva generación de Grupo de Campo fue uno de mis mejores profesores: Vicente Reig Briz, una garantía de éxito.
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