

Este otoño me pedía con fuerza fotografiar los amarillos y ocres de las hojas de los árboles caducifolios, típicos en esta época del año. Para darme el gustazo, nos montamos una excursión a La Puente Alta. ¿Qué es una excusa muy barata? Sí, pero estamos en crisis y lo justifica sobradamente.
Para cumplir tan complejo deseo, ya nos tienes a Pau, Voro, Mª Carmen y yo a primeras horas de la mañana rumbo a no sé donde, ya que a Pau y Voro son muy dados a improvisar sobre la marcha. Esta costumbre puede que ponga nerviosos a muchos… pero a mí, no porque siempre aciertan. También es cierto que soy muy fácil de contentar, je, je.
Destino: la comarca de Los Serranos, zona donde abundan numerosos parajes a cada cual más bonito. En esta ocasión optamos por ir a La Puente Alta, un viejo puente situado en el término municipal de Calles y que da a su vez nombre a un área recreativa que se encuentra a sus pies, componiendo en su conjunto un paraje con alto valor paisajístico.

Para acceder a esta zona, tomamos la carretera que desciende desde la localidad de Calles hacia el río Turia, la seguimos durante unos 7 kilómetros hasta llegar a La Puente Alta y nada más cruzar este antiguo puente, tomamos la pista que nos encontramos a la izquierda, que siguiéndola tan sólo unos 100 metros, llegamos a una amplia zona, antes un área recreativa, donde aparcamos el vehículo.

Como lo primero es lo primero, a recargar las pilas mediante un almuerzo digno de la zona.
Tras el almuerzo de rigor, cámara en mano y de lleno a pasear y tomar nota con la cámara de todo aquello que deseamos inmortalizar. Quien nos conoce sabe que no buscamos la foto impactante, la más espectacular, ni siquiera técnicamente correcta. Disfrutamos de la fotografía con tan sólo realizar la captura de un instante, que un tiempo más tarde, nos permita volver a él sin salir de casa.

Aunque Voro y yo, como miembros de la asociación Picafoto, nos da el ‘marchamo de fotógrafos’, no sería justo reconocer que tanto Pau como Mª Carmen también hacen de las suyas. Y digo de las suyas porque ‘hacen trampas’: te dicen déjame la cámara y luego, no sabemos por qué capricho del destino… las mejores fotos dicen que las han hecho ellas.

Centrados en el paraje, aun eran buenas fechas para sacar colores otoñales, aunque dos semanas antes, la puesta en escena era mejor. La Puente Alta tiene su encanto, si bien el recorrido desde ahí hasta la antigua ubicación del pueblo de Domeño no tiene desperdicio.
Este itinerario forma parte de una ruta de senderismo denominada ‘Domeño, La Puente Alta, Calles y Domeño’, si bien nosotros hemos hecho una versión muy particular de la misma.

Todo el recorrido discurre en gran parte a través de un bosque de rivera, este que en otoño saca a escena su mayor gama cromática de colores, destacando los ocres y rojizos sobre el verde, sin olvidar el placer que supone pasear durante muchas zonas de camino sobre las doradas hojas caídas de álamos y chopos.
Paseamos entre los cañones del río Turia, encajados entre impresionantes moles de roca calcárea, dibujadas con marcadas líneas sedimentarias que nos invitan a realizar un viaje en el tiempo.

Gracias a su llanura y espectaculares vistas durante el paseo, con pequeñas cascadas y remansos, el tiempo cobra otra dimensión.
Llega la hora de comer y donde mejor que en el pueblo de Calles. Esta villa está en un llano en la margen derecha del Río Tuéjar y llama la atención que se ha edificado con el tiempo en torno a la iglesia parroquial, en honor a la Purísima Concepción.

¿Qué pedir para comer? Si no tuviésemos derecho a la vida pues una hamburguesa… pero como sí la tenemos… embutidos de la zona, regados con un vino también de la comarca. ¡Ah! que conste que también hicimos fotos.
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